Rémi Gaillard es un tipo cualquiera. Francés de 36 años, ex trabajador en una zapatería en su ciudad natal, e hincha fanático del club de fútbol Montpellier. Educación formal, en una escuela del valle francés. Familia sin muchos sobresaltos, excepto sus tres hermanas que hacían las delicias de un programa para niños en las tardes de la teve pública gala. Gran jugador de fulbito en las canchas bajo la autopista que cruza Montpellier. Un tipo cualquiera, de un lugar cualquiera, en una época cualquiera. Pero, como le pasa a cualquier persona, un día fue despedido de su labor en ventas zapateras... y como le suele pasar a ciertas personas, redefinió su vida a partir de una situación límite.
Rémi Gaillard no es un tipo cualquiera. Desde 1999 viene inundando internet con sus videos, que fácilmente podrían ser confundidos con momentos oníricos Quedishu? Todo lo que pensamos en algún recóndito lugar de nuestra oscura mente, este tipo va y lo hace realidad. Y lo que no se nos ocurre, este tipo lo piensa, va y lo hace también. ¿Qué es lo que hace, con un amigo corriendo detrás con una cámara de mano? La dirección de su web lo dice todo, www.nimportequi.com (“no importa qué”). Y su lema, "C'est quoi en faisant n'importe qu'on devient n'importe qui" es la traducción Quedishu? aproximada de: "Es haciendo cualquier cosa, lo que te convierte en cualquiera"(*). Clarito, ¿no?edefinió su vida a partir de una situación límite.
Rémi Gaillard es un tipo que manda cualquiera. Es Mario Bros, con un karting por las calles francesas, revoleando bananas a los autos transeúntes. Es un rasta escondido en un ascensor. Es un murciélago colgado de un subte. Es Pac Man corriendo en un supermercado (¿será de los ocupas de Sanloré?). Es Neil Armstrong en el hoyo dieciocho. Es Tarzán y toda su arca de animales amigos en un zoo real. Es un colado en un partido de tenis, en una final de copa francesa de fútbol, en un partido de liga de rugby. Es uno de los mejores jugadores de fulbito filmado alguna vez. A fuerzas de mandadas cualquiera (*2), el tipo vive patrocinado. Si la realidad es como la pintan los fundadores de esta pequeña publicación (“La búsqueda de anécdota desarrolla una capacidad de intuición para reencontrarse con ella” -Q? Nro. 26, año 15- *3) , este tipo ya tiene seis sentidos. Los cinco de todo el mundo, más el nuevo encontrado y publicado en el reciente número de la “Nature”, el sentido Q?
Siendo este un texto en una publicación escrita, es complicado describir sus actividades. Pero para descubrir a Rémi lo mejor es verlo. Son invitados entonces a buscarlo en su página, en los sitios de videos online o en las web sociales. Consejo, comiencen con “The snail”, una situación que lo pinta de cuerpo entero al Q? perdido por Francia. Si usted es un Quedishu? como Rémi, no se arrepentirá.
Finalizando la pequeña reseña biográfica, hacemos un llamado a la solidaridad de la comunidad europea, pidiendo que extraditen a Rémi a nuestro país, ya que es un Q? perdido en el mundo. Acá te esperamos con los brazos abiertos, rodeados regocijantes de una sociedad que manda cualquiera constantemente.
Por Java, en Quedishu? 9
(*) Al poner “traducción Quedishu? aproximada”, nos cubrimos de cualquier tipo de queja idiomática al respecto, lo mismo corre a la vida previa al “nimportequi”. Desconocemos por completo la ubicación de los valles franceses, o del paradero de las tres hermanas de Rémi. Incluso no sabemos si tuvo hermanas. Ni hablar de saber si hay alguna canchita bajo la autopista de Montpellier. Siquiera si hay autopistas.
(*2) “Mandadas cualquiera” es una frase permitida por la RAE por ser un texto de la Q?
(*3) Q? Difícilmente llegue a publicar durante 15 años algo.

Como en el 75% de las materias, se nos instó a formar grupos de trabajo. Hasta ahí, la cosa sucedía dentro de los monótonos causes de la normalidad. Pero no, esta vez no iba a ser lo mismo. Debido a un extraño designio de las fuerzas del mal, del azar, de la cara de La-rreta o de la compota de Mauricio, la genial idea de las docentes fue nombrar a cada grupo con una letra del abecedario. Creo que a esta altura un grupúsculo de entre ustedes ya sabe o intuye cómo continúa la historia: quien escribe el presente artículo, junto a sus desgraciados compañeros, tuvieron la desdicha, mala suerte, sal, infortunio, fatalidad, de ver la letra que nominalizaba a su grupo: no era una ese, ni una a, ni una erre, era la gorda y poco agraciada letra “Q”. Sí señores, fui parte del grupo Q de mi materia. Desearía con el corazón y las ro-dillas que aquí finalizara esta mala crónica. Pero aquí comienza. Después del sms de rigor al perro sedentario informado la mala nueva, comenzó a asomarse una peligrosa tempestad en mi apacible cielo universitario.

El extraño estudio cuenta con más de 300 páginas que son casi inentendibles para el ciudadano común