27/5/12

Lo mismo que Shaun


Hasta que me llegó el “tenés que verla, boludo”, This is england era para mí solamente el título de una de las más lindas melodías que compusieron los Clash –y eso que hicieron varias cosas lindas-. Después pasó a ser otras cosas, entre ellas una de las más lindas películas que vi. Pero no sólo eso. 
This is england (Shane Meadows, 2006) es de principio a fin una historia enternecedora de un niño enternecedor en un contexto que incomoda, que interpela. Inglaterra, inicios de los ´80. 

La guerra de Malvinas desde una visión británica (?). El niño pre adolescente huérfano por la guerra que vive con su mamá en busca de una identidad que encuentra en un grupo de skinheads liderado por Woody, que incorpora a Shaun al grupo y comienza a darle un espacio de identificación. El conflicto de la historia surge cuando entra en escena “Combo”, otro skin que al salir de su condena de 3 años y medio llega a disputarle el poder a Woody con las nuevas ideas que tiñeron al movimiento con lo más rancio del fascismo y la xenofobia (la escena que involucra a Milky –único negro del grupo- con Combo es paradigmática al respecto). 

Shaun, el joven protagonista, huérfano de su papá en la reciente guerra, en busca de algo que dé sentido a esos días tan grises, es tentado por la retórica tradicionalista y discriminatoria del nuevo líder del grupo. Woody, su primer amigo skin, se aleja. La guerra de Malvinas y el gobierno de Tathcher son los interesantes telones de fondo de la historia. La decisión del director de realizar un primer gesto de crítica a la guerra podría verse en las sensaciones del joven Shaun: no hay reivindicación heroica, no hay gestos de grandeza. Frente a eso el film pone en escena la angustia y crisis de identidad de un niño que perdió a su papá en una guerra lejana y absurda contra “unos campesinos que ni saben empuñar sus fusiles”, según Combo. 

El heroísmo sí aparece en la retórica fascista del nuevo líder del grupo, y es lo que lleva a Shaun a seguir su propuesta, que incluye el escrache a inmigrantes asiáticos y mítines del Frente Nacional –la sola mención del movimiento permite inferir su carácter-. La crítica al discurso nacionalista ya está sutilmente realizada: es el protagonista desprotegido, indefenso y hasta inocente y dos amigos más sin demasiadas aparentes herramientas para decidir por sí mismos, los que siguen sus ideas.

El momento histórico mencionado está marcado por la crisis que azota contra la clase trabajadora inglesa víctima del plan neoliberal desarrollado por la “dama de hierro”. Barracones fabriles vacíos, escuelas como museos de lo que fue, casas de obreros vacías son el marco de una Inglaterra en crisis, como también (y tan bien) se representa en la imperdible “Tocando el viento” de Mark Herman. Como suele suceder en tiempos de crisis, lo peor de los nacionalismos emerge y los distintos pasan a ser los culpables. La alocución de Combo hablando de una pequeña nación invadida y saqueada funciona como un chiste de humor negro en un país que hacia fines del S. XIX era la mayor potencia imperial del mundo.

“This is england” es un hermoso e interesante momento para reflexionar y cuestionarse sobre el mismo carácter del nacionalismo. La escena final es definitivamente una proclama por la libertad. Los cambios que sufre el jovencito Shaun tienen su cierre en una decisión cargada de poesía. Acompañada de una bellísima versión de un clásico (“Please, please, please let me… “ The Smiths) la escena –el niño seguido de cerca por la cámara en un paisaje inmejorable para el momento- se presenta como una de esas en las que se vuelve inevitable tener la piel como un pollo, y los ojos que empiezan a arder. 

Sí, no hay en esta nota menciones a Malvinas desde una perspectiva nacional. Quien escribe habría hecho lo mismo que Shaun. 

Por El Más Bacán
Publicado en Quedishu? 11

6/5/12

El mejor es....


Un adelanto de la nueva Quedishu? Homenaje a Lio justo por dos Diegos (You Cannot be serious lápiz - Diegga guión)

10/3/12

A dónde me lleva la vida

"Las cosas cambiaron el día en que el primer papelito cayó del tren"

No se hace cuanto ni desde cuando estoy en este lugar y lo único que me acuerdo es hoy. Miro por la ventana y veo como llueve afuera, aunque no me importa, total no puedo salir. Me pregunto dónde estoy, pero tengo esa sensación de querer convencerme diciendo que si llegué hasta acá, no puedo o no quiero volver.

Un nuevo día arranca y como todos, me levanto con la radio y siempre a la misma hora suena el mismo tema. Busco en esa canción y encuentro coincidencias pero también las agrego, las invento o las adapto para creerme y verme ahí. Podría poner la tele, la radio, un libro, o simplemente esperar en la ventana a que pase alguien caminando aunque de antemano sepa que no vaya a suceder, si no para de llover.










Busco cualquier cosa para distraer mi mente, no solo para evitar que viaje a otro lado, que sin mi cuerpo en el mismo lugar, todo se torna más débil y frágil. Sino también para no caer en la única salida que me queda, tan accesible y tan efímera.

Intento pero no puedo, entro y salgo constantemente, voy y vengo y a veces coincido. Esos momentos son, eran y fueron únicos, irrepetibles, similares pero siempre distintos. No es lo único que me desvela hasta la madrugada, que me mantiene despierto hasta que el sol empieza a hacer lo suyo de nuevo, pero es lo único que quiero. Muchas veces no solo me mantiene despierto, o es la causa de mi insomnio, ese algo del otro lado que me espera, desespera y no me deja, También me despoja de toda posibilidad de pensar qué camino tomar, por más que siga a un costado.

Voy y vengo con mi yo interior, sin detenerme un instante analizo todo o al menos trato, buscando una salida en un laberinto lleno de espinas. Tomo cada curva dentro de ese camino buscando ese cambio de dirección y cada momento termina igual, inevitablemente el desenlace es el mismo. Una mirada intenta decirlo todo, intenta llegar hasta el fondo pero se queda vacía y sin respuesta, siempre aparece otra curva que tomar.

En la pared, al lado de la puerta de entrada, hay un cuadro, no tengo idea cómo lo pintaron, pero tiene dos botes, uno rojo y otro azul, sobre la arena de una playa y de fondo el mar con el sol de testigo. Están enfrentados entre sí, como si se hablaran o quisieran decirse algo y en un momento hasta pareciera un reclamo, con un grito al viento y quejándose.

Me puedo pasar el día completo contemplando esa escena, cae la noche para mí pero no para ellos y me imagino como seria su noche, con la luna por el sol, siempre cambiante, pero siempre igual, solita, hermosa y distante. No sé si es la lluvia, el día o mi estado de ánimo o todo junto quizás, pero al verlo, me imagino ahí, solo, atrás de un vidrio, encallado.

Al otro día es lo mismo, cada día es igual, sigo con mi búsqueda incesante o mejor dicho mi espera, como si no dependiera de mí encontrar la salida. Esta vez elijo un libro, las horas pasan, las páginas y las palabras también. Me preparo un café, luego otro y van. Ya no sé como tomarlo, probé caliente, frío, con o sin leche, probé hacerle espuma para ver si cambiaba algo y hasta llegué a ponerle azúcar, algo que jamás pensé que podría lograr. Nada o ninguna de las opciones las pude sostener, todas me cansaron y me puse a buscar que otras alternativas tenía. Revisé la cocina y al lado del azúcar había canela, lo pensé un instante pero me definí y le puse, en un principio poco y estaba rico. Le seguí poniendo, le puse mucho y empecé a encontrar un sabor distinto, algo que no había probado antes, desconocido y que me gustaba.

Vuelvo a la ventana buscando la misma salida que nunca voy a encontrar allí. Hay niebla, está oscuro y a pesar de la lluvia que no me deja ver bien, alcanzo a dilucidar una casa. Son varios pisos, ventanas en varias direcciones pero sus paredes están desgastadas, en algunos puntos no hay revoque y en otros hasta los ladrillos están rotos. La veo, me sonrojo y tiemblo.
Al contemplarla, la imagino y extrapolo a un tiempo, lugar y clima donde la luz entra por todas las ventanas, algunas están abiertas y esas paredes, hoy débiles y frágiles, se plantan y levantan amenazando y disuadiendo a cualquiera que ose atravesarlas.

No me queda nada, pero puedo dar todo. Tengo ganas de salir, pero no sé cómo.
Se que esta todo ahí, al alcance de mi mano, que puedo llegar tan lejos como quiera, pero tengo miedo de darme cuenta que ya caí y terror de intentar salir y no poder. Miedo a apostar todo el dinero del mundo, a un solo numero.

Sigo mirando por la ventana, sé que no va a durar para siempre. Se acerca noviembre. No para de llover.

Texto: Bombita

Dibujo: Tomi

5/2/12

¿Qué te lleva a opinar en el espacio destinado a comentarios en páginas como YouTube o en nuestro querido y amigable Olé?

Qué lleva a uno opinar en el espacio destinado a comentarios en páginas de internet? No coincido en absoluto con esa actitud.

Cuál es la necesidad? No logro meterme en los cerebros de estos usuarios, será el beneficio de la ausencia de identidad? Y cuál es el beneficio? No puedo entender, no ven que al único lugar que se llega siempre es a la discusión! Pero yendo más atrás, sin realizar un análisis del contenido de los comentarios -madre mía-, imagino el momento en que un determinado ser, al que llamaremos X, se dispone a leer una nota acerca de un tema al que simplemente denominaremos Y (evitar leer esta letra con la pronunciación “yé”), con la típica cara que tienen aquellos que van a realizar una idiotez, y entonces lo mágico… qué le pasa por la cabeza? Es ahí, se entiende? Qué los lleva a pensar que tienen que escribir un mensaje para opinar sobre lo que están leyendo o escuchando o viendo? Me parece raro aunque no inexplicable.

Opinar es gratis. Ambivalente, dudoso, desde la propiedad intelectual (sí, yo también me sorprendí al descubrir que éstos también merecían una de ellas), el contenido, la credibilidad de que lo que está poniendo otra persona a la que denominaremos Marge. Si usted está viendo un video de un artista R: se tomaría el tiempo, la molestia, lo que sea, en dar un comentario negativo sobre este? Me estoy percatando de que lo que más me atormenta es la opinión negativa. Qué ganas! Y que ortiva a la vez! Pongámonos en lugar de R, qué amargo que después de subir su video casero en el que ejecuta una canción con su guitarra, con apreciable insuficiencia de talento, recibe comentarios acerca de la exquisita falta de virtud, notoria, sí, pero no por eso meritoria de soeces, ordinarios y groseros juicios sobre su ejecución. Aparte, si además de la pésima ejecución nuestro querido R no goza de atributos estéticos destacados, no puede salvarse de la opinión ajena, oculta, inalcanzable, en la que despedazan su estima al burlarse del desfavorecido rostro que regala en el monitor.

Por momentos, el nivel de hostilidad es altísimo. Se meten con cosas que hieren. Comentarios fascistas, xenófobos, agresivos, que dan ganas de golpear a su autor, autor que nunca sabremos quién es, dónde está, si lo que dice es lo que piensa, si no es un agitador, un buscador de quilombos, una vieja con hemorroides.

Entonces, repito la pregunta: usted opinaría? Para qué? No sucede lo mismo con aquel que opina y envía ésta por correo electrónico, la cual espera que sea publicada en un diario, por ejemplo. Si bien, muchas de las razones que a uno llevan a cometer tal actitud también son in entendibles, existe una que la distingue: ésta pasará por un filtro, será tenida en cuenta según las necesidades que tenga el editor de esa sección y, la no menos importante imposibilidad de entablar una discusión con otro usuario del espacio. Aquí se pierde la inflexión bélica del asunto, como también se pierde una cantidad de personas que no se disponen a realizar esta modalidad –más allá de la esperable por la cantidad de posibles opinadores que descreen de la posibilidad de ser electos, el menor número de lectores, la caducidad del valor de lo escrito por finiquitud del uso del material papel-.

Una forzada pero temible conclusión es que lo primordial que lleva a uno a realizar estos actos sea la necesidad de entablar un conflicto con alguien a partir de lo que supuestamente puedan ser sus opiniones. Cuánto se puede disfrutar el molestar a otro? Mucho. Lo que desprende nuevas conclusiones: lo importante es joder a otro, porque ni del contenido uno puede confiar. Los que se toman ese trabajo son personas que quieren romperle las bolas a otro.

El que opina a favor merece un comentario breve pero contundente: es una actitud que será favorablemente recibida pero si reflexionamos un instante en algunas de las cosas dichas con anterioridad, carecerá de credibilidad. El balance entre el contenido propicio y su dudosa sinceridad (no siempre por intención sino por esa in comprobable identidad) es responsabilidad de su propia decisión.

Entonces, encontramos en estos espacios la posibilidad de pelearnos con otro, de creernos más inteligentes, más atinados, de contradecirlos porque no tenemos nada más importante que hacer. Me hace pensar en la gente que chatea y se pone un nombre de mujer siendo

hombre o viceversa, porque utilizan ese momento para confrontar con otro, seducirlo, mentirle, creyendo de manera ingenua que la otra persona que se encuentra igual de al pedo no está en ese mismo instante tergiversando todas sus oraciones, mintiendo de la misma manera y riéndose de ese que también se está riendo del otro. O lo que es más tétrico: que sí se estén dando cuenta. Qué idiotez.

Aparte, cómo tomar en serio una opinión vertida por un usuario llamado por ejemplo: “gallinaputa”. No cabe ninguna posibilidad que esa persona comente algo enriquecedor, ya que desde lo más básico que es su denominación, deja explícita esa necesidad de profesarse en contra de otro, un otro al que busca denostar, agredir o burlar.

Por eso, inmersos en esta cósmica aventura que es vivir alrededor de millones de pelotudos, por favor, ahorrémonos la innecesaria posibilidad de entrar a leer esos comentarios porque, más allá que en un principio pueda parecer algo divertido, le aseguro que solo hará florecer de su interior la más nauseabunda y pestilente sensación percibida desde el hombre de Cromagnon en adelante que es la de estar perdiendo el tiempo.

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Anthony Ham Burgués.