6/5/12

El mejor es....


Un adelanto de la nueva Quedishu? Homenaje a Lio justo por dos Diegos (You Cannot be serious lápiz - Diegga guión)

10/3/12

A dónde me lleva la vida

"Las cosas cambiaron el día en que el primer papelito cayó del tren"

No se hace cuanto ni desde cuando estoy en este lugar y lo único que me acuerdo es hoy. Miro por la ventana y veo como llueve afuera, aunque no me importa, total no puedo salir. Me pregunto dónde estoy, pero tengo esa sensación de querer convencerme diciendo que si llegué hasta acá, no puedo o no quiero volver.

Un nuevo día arranca y como todos, me levanto con la radio y siempre a la misma hora suena el mismo tema. Busco en esa canción y encuentro coincidencias pero también las agrego, las invento o las adapto para creerme y verme ahí. Podría poner la tele, la radio, un libro, o simplemente esperar en la ventana a que pase alguien caminando aunque de antemano sepa que no vaya a suceder, si no para de llover.










Busco cualquier cosa para distraer mi mente, no solo para evitar que viaje a otro lado, que sin mi cuerpo en el mismo lugar, todo se torna más débil y frágil. Sino también para no caer en la única salida que me queda, tan accesible y tan efímera.

Intento pero no puedo, entro y salgo constantemente, voy y vengo y a veces coincido. Esos momentos son, eran y fueron únicos, irrepetibles, similares pero siempre distintos. No es lo único que me desvela hasta la madrugada, que me mantiene despierto hasta que el sol empieza a hacer lo suyo de nuevo, pero es lo único que quiero. Muchas veces no solo me mantiene despierto, o es la causa de mi insomnio, ese algo del otro lado que me espera, desespera y no me deja, También me despoja de toda posibilidad de pensar qué camino tomar, por más que siga a un costado.

Voy y vengo con mi yo interior, sin detenerme un instante analizo todo o al menos trato, buscando una salida en un laberinto lleno de espinas. Tomo cada curva dentro de ese camino buscando ese cambio de dirección y cada momento termina igual, inevitablemente el desenlace es el mismo. Una mirada intenta decirlo todo, intenta llegar hasta el fondo pero se queda vacía y sin respuesta, siempre aparece otra curva que tomar.

En la pared, al lado de la puerta de entrada, hay un cuadro, no tengo idea cómo lo pintaron, pero tiene dos botes, uno rojo y otro azul, sobre la arena de una playa y de fondo el mar con el sol de testigo. Están enfrentados entre sí, como si se hablaran o quisieran decirse algo y en un momento hasta pareciera un reclamo, con un grito al viento y quejándose.

Me puedo pasar el día completo contemplando esa escena, cae la noche para mí pero no para ellos y me imagino como seria su noche, con la luna por el sol, siempre cambiante, pero siempre igual, solita, hermosa y distante. No sé si es la lluvia, el día o mi estado de ánimo o todo junto quizás, pero al verlo, me imagino ahí, solo, atrás de un vidrio, encallado.

Al otro día es lo mismo, cada día es igual, sigo con mi búsqueda incesante o mejor dicho mi espera, como si no dependiera de mí encontrar la salida. Esta vez elijo un libro, las horas pasan, las páginas y las palabras también. Me preparo un café, luego otro y van. Ya no sé como tomarlo, probé caliente, frío, con o sin leche, probé hacerle espuma para ver si cambiaba algo y hasta llegué a ponerle azúcar, algo que jamás pensé que podría lograr. Nada o ninguna de las opciones las pude sostener, todas me cansaron y me puse a buscar que otras alternativas tenía. Revisé la cocina y al lado del azúcar había canela, lo pensé un instante pero me definí y le puse, en un principio poco y estaba rico. Le seguí poniendo, le puse mucho y empecé a encontrar un sabor distinto, algo que no había probado antes, desconocido y que me gustaba.

Vuelvo a la ventana buscando la misma salida que nunca voy a encontrar allí. Hay niebla, está oscuro y a pesar de la lluvia que no me deja ver bien, alcanzo a dilucidar una casa. Son varios pisos, ventanas en varias direcciones pero sus paredes están desgastadas, en algunos puntos no hay revoque y en otros hasta los ladrillos están rotos. La veo, me sonrojo y tiemblo.
Al contemplarla, la imagino y extrapolo a un tiempo, lugar y clima donde la luz entra por todas las ventanas, algunas están abiertas y esas paredes, hoy débiles y frágiles, se plantan y levantan amenazando y disuadiendo a cualquiera que ose atravesarlas.

No me queda nada, pero puedo dar todo. Tengo ganas de salir, pero no sé cómo.
Se que esta todo ahí, al alcance de mi mano, que puedo llegar tan lejos como quiera, pero tengo miedo de darme cuenta que ya caí y terror de intentar salir y no poder. Miedo a apostar todo el dinero del mundo, a un solo numero.

Sigo mirando por la ventana, sé que no va a durar para siempre. Se acerca noviembre. No para de llover.

Texto: Bombita

Dibujo: Tomi

5/2/12

¿Qué te lleva a opinar en el espacio destinado a comentarios en páginas como YouTube o en nuestro querido y amigable Olé?

Qué lleva a uno opinar en el espacio destinado a comentarios en páginas de internet? No coincido en absoluto con esa actitud.

Cuál es la necesidad? No logro meterme en los cerebros de estos usuarios, será el beneficio de la ausencia de identidad? Y cuál es el beneficio? No puedo entender, no ven que al único lugar que se llega siempre es a la discusión! Pero yendo más atrás, sin realizar un análisis del contenido de los comentarios -madre mía-, imagino el momento en que un determinado ser, al que llamaremos X, se dispone a leer una nota acerca de un tema al que simplemente denominaremos Y (evitar leer esta letra con la pronunciación “yé”), con la típica cara que tienen aquellos que van a realizar una idiotez, y entonces lo mágico… qué le pasa por la cabeza? Es ahí, se entiende? Qué los lleva a pensar que tienen que escribir un mensaje para opinar sobre lo que están leyendo o escuchando o viendo? Me parece raro aunque no inexplicable.

Opinar es gratis. Ambivalente, dudoso, desde la propiedad intelectual (sí, yo también me sorprendí al descubrir que éstos también merecían una de ellas), el contenido, la credibilidad de que lo que está poniendo otra persona a la que denominaremos Marge. Si usted está viendo un video de un artista R: se tomaría el tiempo, la molestia, lo que sea, en dar un comentario negativo sobre este? Me estoy percatando de que lo que más me atormenta es la opinión negativa. Qué ganas! Y que ortiva a la vez! Pongámonos en lugar de R, qué amargo que después de subir su video casero en el que ejecuta una canción con su guitarra, con apreciable insuficiencia de talento, recibe comentarios acerca de la exquisita falta de virtud, notoria, sí, pero no por eso meritoria de soeces, ordinarios y groseros juicios sobre su ejecución. Aparte, si además de la pésima ejecución nuestro querido R no goza de atributos estéticos destacados, no puede salvarse de la opinión ajena, oculta, inalcanzable, en la que despedazan su estima al burlarse del desfavorecido rostro que regala en el monitor.

Por momentos, el nivel de hostilidad es altísimo. Se meten con cosas que hieren. Comentarios fascistas, xenófobos, agresivos, que dan ganas de golpear a su autor, autor que nunca sabremos quién es, dónde está, si lo que dice es lo que piensa, si no es un agitador, un buscador de quilombos, una vieja con hemorroides.

Entonces, repito la pregunta: usted opinaría? Para qué? No sucede lo mismo con aquel que opina y envía ésta por correo electrónico, la cual espera que sea publicada en un diario, por ejemplo. Si bien, muchas de las razones que a uno llevan a cometer tal actitud también son in entendibles, existe una que la distingue: ésta pasará por un filtro, será tenida en cuenta según las necesidades que tenga el editor de esa sección y, la no menos importante imposibilidad de entablar una discusión con otro usuario del espacio. Aquí se pierde la inflexión bélica del asunto, como también se pierde una cantidad de personas que no se disponen a realizar esta modalidad –más allá de la esperable por la cantidad de posibles opinadores que descreen de la posibilidad de ser electos, el menor número de lectores, la caducidad del valor de lo escrito por finiquitud del uso del material papel-.

Una forzada pero temible conclusión es que lo primordial que lleva a uno a realizar estos actos sea la necesidad de entablar un conflicto con alguien a partir de lo que supuestamente puedan ser sus opiniones. Cuánto se puede disfrutar el molestar a otro? Mucho. Lo que desprende nuevas conclusiones: lo importante es joder a otro, porque ni del contenido uno puede confiar. Los que se toman ese trabajo son personas que quieren romperle las bolas a otro.

El que opina a favor merece un comentario breve pero contundente: es una actitud que será favorablemente recibida pero si reflexionamos un instante en algunas de las cosas dichas con anterioridad, carecerá de credibilidad. El balance entre el contenido propicio y su dudosa sinceridad (no siempre por intención sino por esa in comprobable identidad) es responsabilidad de su propia decisión.

Entonces, encontramos en estos espacios la posibilidad de pelearnos con otro, de creernos más inteligentes, más atinados, de contradecirlos porque no tenemos nada más importante que hacer. Me hace pensar en la gente que chatea y se pone un nombre de mujer siendo

hombre o viceversa, porque utilizan ese momento para confrontar con otro, seducirlo, mentirle, creyendo de manera ingenua que la otra persona que se encuentra igual de al pedo no está en ese mismo instante tergiversando todas sus oraciones, mintiendo de la misma manera y riéndose de ese que también se está riendo del otro. O lo que es más tétrico: que sí se estén dando cuenta. Qué idiotez.

Aparte, cómo tomar en serio una opinión vertida por un usuario llamado por ejemplo: “gallinaputa”. No cabe ninguna posibilidad que esa persona comente algo enriquecedor, ya que desde lo más básico que es su denominación, deja explícita esa necesidad de profesarse en contra de otro, un otro al que busca denostar, agredir o burlar.

Por eso, inmersos en esta cósmica aventura que es vivir alrededor de millones de pelotudos, por favor, ahorrémonos la innecesaria posibilidad de entrar a leer esos comentarios porque, más allá que en un principio pueda parecer algo divertido, le aseguro que solo hará florecer de su interior la más nauseabunda y pestilente sensación percibida desde el hombre de Cromagnon en adelante que es la de estar perdiendo el tiempo.

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Anthony Ham Burgués.

9/1/12

"Saltando las barreras", Gatonegro.
Recuerdo que de pibe mi viejo me llevaba a pasear en subte. Nos subíamos al primer vagón de la formación y viajábamos ida y vuelta durante un par de horas observando los viejos túneles de la línea A, en sus aún más antiguos vagones de madera (que hoy en día, después de 100 años, siguen de servicio con su particular olor a incienso). Supongo que lo que me marcó de la experiencia fue la simpleza de la idea de mi viejo, que al parecer no tenía un mango en esa época, lo que demuestra el poco valor que tiene el dinero en realidad. Podemos divertirnos simplemente siendo creativos.
Ya en la primaria hice mis primeros viajes sin él. A mis compañeros les gustaba pasar por debajo de los molinetes o girarlos un cachitito hacia atrás para crear un espacio que les permitiera pasar. No recuerdo que hubiera gente de seguridad en esos tiempos, solo estaban los cajeros que no hacían tanto al respecto. Así ahorrábamos un par de monedas para comprarnos alguna golosina extra, aunque también era divertido transgredir alguna que otra reglilla.
Los años fueron pasando y la seguridad se fue acrecentando (también me crecieron pelos púbicos). Un hombre más estaba controlando que la gente pagara sus pasajes. Pero yo era un cabeza dura, supongo, y no podía dejar esta actividad. Entonces me vi obligado a mejorar mis habilidades para llegar al andén gratuitamente, llámese desde aprender a elegir el momento oportuno para cruzar el molinete, hasta usar herramientas como boletos usados para actuar delante del vigilante y convencerlo visualmente que yo era un pasajero hecho y derecho. Pero no siempre me salía con la mía, muchas veces fui descubierto en mis acciones. Pero le aseguro lector de Quedishu? que uno va perdiendo la vergüenza, hasta llegar al punto de poder "ofenderme" y montarle un escena al segurata convenciéndolo que lo que había visto no era cierto, o simplemente pagaba mi pasaje, de ultima son 90 centavos. (comentario de un Q?: "como se nota q no pagas loco eh, sale $1,10")
Hoy en día hay "oficiales de la ley" y hasta mini-comisarías en las estaciones. No me cabe duda que esto se debe a alguna moneda que recibe la policía (Todos sabemos que "la Ley" juega para el equipo que le ponga la moneda.. ¿o no?). Pero esto no logra detenerme en mi actividad, es más, la enriquece severamente. Actualmente he llevado esta actividad también a los trenes donde sin duda es mucho mas fácil colar, y combinando entre los dos medios se pueden hacer grandes recorridos sin pelar moneda alguna. Viajar gratis por la ciudad. Hermoso deporte. ¡A saltar esas barreras!

Otros consejos para el colador subterráneo:
-Pasar debajo del molinete.
-Saltarlo deliberadamente usando los brazos de soporte a los lados. (Onda rango)
-Dar un gran paso por sobre el molinete y luego pasar la otra pierna. (Hay que ser alto)
-Aprovechar la salida de emergencia si no hay nadie de seguridad. Recordemos que se abre hacia afuera, también la podemos dejar abierta para que la aproveche algún otro pasajero que se avive.
-En algunas estaciones hay escaleras mecánicas q suben directamente de los andenes y bajar por ellas a contramano es una buena forma de evitar realizar la movida en los molinetes.
-Hasta podemos pagar con billetes de 2 o de 5 pesos cuando sabemos que el cajero no tiene monedas (osea siempre) y pedirle que nos deje pasar. No podrá negarse.
-También podemos bajar por los ascensores directamente al andén. En estación Catedral además lo podemos usar para entrar en las lineas A y E aprovechando que combinan(aporte de un Q? anónimo).

24/12/11

La persistencia de ser resistente

Lo enloquecía la espera. Gestos, onomatopeyas, miradas al reloj (o al celular). La gran ciudad lo depositaba en esa situación una y otra vez. Quiso en un momento de caos vehicular volar en una burbuja por encima de todos viendo al tiempo parar solo para los demás. No lo consiguió obviamente. Se burló hasta de él mismo falseando un freno personal mientas los demás pasaban a su lado. Indiferencia, miradas con insultos, miradas sin entender y risas generó.

Apostó por la persistencia: la instantaneidad de un segundo frenado quiso ser. Buscó, pensó, caminó. La reproductibilidad de una foto no lo convenció debido a una mala influencia marxista de antaño. El arte era la respuesta. Capturó, capturó, capturó con pinceles y hojas varias. No pudo jamás demostrar lo que le molestaba. La acción lo espera. Todo (o casi) de él depende.

Diegga
Publicado en Ahijuna N°34