26/8/11

Crónica de una cursada “cu”

Uno arranca una materia en la facultad y medianamente sabe los pasos que ha de seguir sea en el cuatrimestre, sea a lo largo de un año: uno o dos parciales, algún trabajo práctico, reírse más o menos, insultar más o menos, y mala sangre. A grandes rasgos ES lo que sucede. En el CBC, en el primer año y en el último. Siempre suele ser así. Pero en esta aparente naturalidad en el desarrollo de toda cursada, todo puede cambiar, romperse, estallar. Tal vez alguno de ustedes, queridos lectores, hayan experimentado una sensación similar, si no exactamente igual. He aquí el me-ollo de la cuestión.

Como en el 75% de las materias, se nos instó a formar grupos de trabajo. Hasta ahí, la cosa sucedía dentro de los monótonos causes de la normalidad. Pero no, esta vez no iba a ser lo mismo. Debido a un extraño designio de las fuerzas del mal, del azar, de la cara de La-rreta o de la compota de Mauricio, la genial idea de las docentes fue nombrar a cada grupo con una letra del abecedario. Creo que a esta altura un grupúsculo de entre ustedes ya sabe o intuye cómo continúa la historia: quien escribe el presente artículo, junto a sus desgraciados compañeros, tuvieron la desdicha, mala suerte, sal, infortunio, fatalidad, de ver la letra que nominalizaba a su grupo: no era una ese, ni una a, ni una erre, era la gorda y poco agraciada letra “Q”. Sí señores, fui parte del grupo Q de mi materia. Desearía con el corazón y las ro-dillas que aquí finalizara esta mala crónica. Pero aquí comienza. Después del sms de rigor al perro sedentario informado la mala nueva, comenzó a asomarse una peligrosa tempestad en mi apacible cielo universitario.

Uno de los trabajos a desarrollar era un proyecto de investigación del que se iban haciendo entregas periódicas a las docentes, quienes devolvían con correcciones. En eso andábamos, los desdichados Q-boys. Quien les escribe fue encargado de enviar una de las entregas a las profesoras, que eran dos. La genialidad es en realidad una terrible pelotudez de magnitudes considerables, que pudo haber complicado mi recorrido posterior: en la carátula del trabajo, que llegaba a las docentes -así como a mis compañeros de toda la cátedra-, mientras hacía el trabajo dejé escrito el nombre de una de las profesoras y la otra, como no lo recordaba, coloqué “la otra”, cosa por supuesto que debía corregir antes de enviar. Pero no lo hice, y así lo recibieron. Es decir, enviamos un trabajo académico en el que decía “Docentes: Laura “Ñam” – “LA OTRA”. Quien se anime a no considerar lo anterior una actitud 100% quedishu? que arroje la primera vuvuzela.

Después del primer cimbronazo, asignado inmediatamente por quien escribe a la fatídica consonante que nombraba el grupo, el cuatrimestre continuó. Llegó el momento del “trabajo integrador”, que desembocaba en la promoción directa o el final. Con un siete, quien les habla promocionaba la materia. Pues no. Cinco fue la desgarradora respuesta. Lejos de ser un brillante estudiantes de Cs. Sociales (a partir de diversas anécdotas, un integrante de la revista podrá dar cuenta de ello, cargo en mi haber junto a él, el orgullo de haber recibido como devolución de un trabajo la definición de “pasquín anarko punk humorísitico”); vuestro enunciador se las había arreglado para promocionar todas las materias de la carrera que no tienen final obligatorio. Siendo parte del grupo Q, la cosa no iba a ser tan fácil. La amarga noticia del cinco, por supuesto, llegó en un contexto viciado de cosas quedishu?: un asalto organizado en la comisión para despedir la cursada, papas fritas, gaseosas, chi-zitos, mi cinco sobre la mesa y lo mejor, el titular de cátedra con una bolsa con 3 kilos de mandarina en una de sus manos. Pocas cosas quedarían por agregar.

Lamentablemente las hay. Como mencioné antes, quien escribe, estudiante que pertenece orgullosamente a la media de mis queridos compañeros comunicacionales, se las había arreglado también para sortear con éxito esa bella y nefasta experiencia de los finales: nunca había desaprobado uno. Pues bien mis amigos -y por si quedaba algún tipo de dudas acerca de la influencia del innombrable grafo en mi camino por la materia-, el triste, pero esperable resultado, un vacío y gris DOS. Sí señores y señoras. Aunque lejos de mí las cábalas y las explicaciones metafísicas de las prácticas sociales: ¿queda lugar después de lo expresado para no relacionar el bochornoso recorrido por la cursada y la consonante con que comienza el nombre de la revista y que coincide con la letra de mi grupo en la materia? Aclaro que mis compañeros, ambos conocedores de promocionar materias, tampoco lograron hacerlo esta vez y ambos marcharon al final.

Queda en ustedes vuestra profunda reflexión, la propia ya está hecha: cuanto más lejos de una “cu”, mejor.

Por Sensible de Bar en Quedishu? Número 10

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